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El indio Viswanathan Anand retuvo su corona de campeón mundial en el juego de las sesenta y cuatro casillas. La ciudad búlgara de Sofía fue testigo de una cruenta batalla que se extendió hasta la última partida entre el local Veselin Topalov y el actual monarca.
La última partida llegaba después de once enconados duelos donde ambos contendientes derrocharon calidad y buen juego desde el mismo principio con dos victorias per cápitas y siete tablas. El búlgaro llevaba las de ganar pues conducía las piezas blancas y parecía no tener deseos de llegar a las partidas rápidas, pero no contaba con que Anand se sacara un conejo de la chistera y en menos de lo que canta un gallo desbaratara sus sueños de ser profeta en su propia tierra.
La partida comenzó por los caminos de un gambito de dama rehusado mientras que el Indio utilizó una variante clásica de la defensa Ortodoxa. Para las miradas inexpertas las tablas parecían inevitables y no quedaría más remedio que jugar el desempate el día 13. Pero los especialistas en la materia tienen otra manera de ver las cosas y el campeón del mundo es, sin dudas, un fuera de serie al obligar al Rey blanco a rendirse en 56 movidas.
Topalov, sin discusión, fue un excelente rival y el espectáculo estuvo garantizado todo el tiempo. No hubo aburrimiento para los amantes del juego ciencia, pues hasta las tablas fueron luchadas y llenas de dinámica. El choque entre estos dos colosos del ajedrez actual, durante estas casi tres semanas ha hecho que el mundo entero gire su mirada, aunque sea solo por un instante, hacia la capital de Bulgaria.
Habrá que esperar otro año para que podamos disfrutar de otra lucha por el título más preciado del ajedrez. ¿Quién será el próximo retador? Nadie lo sabe pero muchos se lo imaginan. Mientras tanto Anand sigue siendo el Rey.
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